Dejé de decir 'tú y 'yo', para decir nosotros.

lunes, 13 de enero de 2014

Au revoir.

Queridos y casi inexistentes seguidores:
Ha llegado el momento de, si no cerrarlo, abandonar de manera natural éste pedacito de mi. No volveré a escribir en éste blog, pero sí lo haré en uno nuevo, creado de manera especial como respuesta a unas circunstancias especiales. 


María. 


lunes, 9 de septiembre de 2013

Anette y sus motivos para irse lejos.

Anette se fija en el gran cartel allá en lo alto de la estación que anuncia los próximos trenes. Los mira como si cada uno representara una nueva oportunidad a una vida que puede calificarse de poco más que de vacía y en ruinas. Hay tantos destinos como maneras de arriesgarse, pero ella, allí en medio de la estación, con la maleta roja y el abrigo gris hace tiempo que ya tiene claro a dónde quiere dirigirse.
Sostiene en la mano el billete, y casi lo arruga entre sus dedos pálidos para que no se le escape esa maravillosa oportunidad. Hay billetes de tren que son mucho más que un simple pase a la cabina, hay billetes de tren que son reencuentros, despedidas, los hay que son sonrisas, o quizá lágrimas... Para Anette es todas esas cosas juntas.

El cartel gigante anuncia ''Valencia-Madrid: 2 min." y ella que siempre ha odiado las despedidas agarra con firmeza el asa de la maleta y anda sin detenerse, no hay dudas, no hay lágrimas, no hay llamadas y sobre todo no hay dolor. Se acomoda en el asiento del tren y en cuanto éste comienza a moverse el traqueteo de las vías y su efecto anestésico hacen que se sienta tan nostálgica como feliz, no desea mirar hacia detrás, y lo más importante es que no lo hace.

El chico que tiene sentado delante lleva una cazadora de cuero y un libro de Alberti entre las manos, extraña e interesante combinación. La mira. Sonríe al cruzarse con la mirada de ella, más cristalina y triste que ninguna que haya conocido antes. Él vuelve los ojos de nuevo a la poesía de Alberti y ella se acomoda las medias dejando entrever unos centímetros de muslo bajo su falda de invierno, un gesto que casi logra pasar desapercibido si no fuera porque ha provocado el interés repentino del hombre que, sentado unos metros a la derecha, leía hasta hacía unos pocos segundos el periódico del día.
Y así es como Anette, que apenas lleva tres minutos sentada en ese tren, contemplando absorta el espectáculo del atardecer de noviembre al otro lado de la ventana, ha atraído las miradas de dos de los pasajeros. No sé si me entenderéis cuando os diga, que su presencia es como la de una mariposa que revolotea sin querer alterando el equilibrio natural de cada lugar que pisa.

Nadie la acompañó a la estación y nadie la esperaba al llegar a Atocha, nadie fumó a su lado en silencio cuando bajó de aquel tren, y nadie se ofreció a enseñarle la cuidad. Al menos, aquella tarde no.

Pero no os preocupéis por Anette, porque ella siempre hace las cosas por algún motivo, siempre coge los trenes que considera y no le será difícil enviar un par de mensajes y tener un buen guía madrileño en un par de días. Porque ella es así, le gusta irse sin despedirse, y llegar sin avisar.

lunes, 26 de agosto de 2013

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La carta

En esta madrugada no puedo pensar en otra cosa que no sea el momento en el que poder abrazarte por fin. Te dará mil besos y después mil más, acariciaría tu espalda adornada de rayitos de sol y al levantar la persiana podría ver iluminarse cada una de tus facciones. No sería aquella que odio, desterraría los reproches y silenciaría cada palabra hiriente. Te invitaría a un batido de fresa y al besarte no tendría claro si eso que sabe tan dulce es la nata o solo tus labios.
Extraño sentir como encajan nuestros dedos al pasear bajo el dorado sol de la tarde, y notar como me arrastras tras de ti a cualquier rincón que pueda convertirse en nuestro universo particular. Y es que tienes esa manera tan poética de sonreírme que vaya donde vaya lo más bonito será siempre la curva de tus labios (a ser posible entre los míos)
Te extraño, y me resbala agua salada por las mejillas si pienso en el momento de volver a verte y poder acariciar con la punta de los dedos cada parte de tu cuerpo.

Te quiero porque sujetas mi mundo en un equilibrio perfecto. Te quiero porque tu sentido del humor guía el sinsentido de mi mal humor. Te quiero porque no sé no quererte, y aún siendo la menos racional de las razones, es la más real de todas.

miércoles, 20 de marzo de 2013

En tu cama todo el año son vacaciones.

Déjame recorrer tus caminos
y arrastrarme por tu anatomía.
Pensarte con los ojos,
mientras te quiero con las manos.

Oírte decir ''agárrate que vienen curvas''
y dudar de si tus caderas son la curva o el agarre.

Déjame embarcar en tu puerto,
navegar juntos en el mismo barco,
tal como igual de juntos naufragamos...

Y cuando la travesía acabe,
mirarte a los labios
y besarte con los ojos.
Para emprender el viaje juntos de nuevo.


sábado, 2 de marzo de 2013

No me gustan las despedidas
salvo si soy yo la que se va lejos, 
en ese caso el aeropuerto se torna cómodo.
Casi acogedor, 
me atrevería a decir. 

Comprendo que me tachéis de egoísta. 
Lo cierto es que no hay palabra más acertada,
ni excusa que la rebata. 

¿Sabes esas veces, que necesitas huir? 
¿Huir de qué? 
En ocasiones la respuesta es fácil, de una misma. 

Y en cambio grito por dentro si eres tú el que ha
de hacer las maletas, 
quedando yo abandonada a algo peor que la rutina. 
La rutina sin ti.

Así que no me hagas sufrir con largas
despedidas, 
no me agobies por anticipado con mil
besos, 
ni me jures que me llamarás cada 
mañana. 

Porque eso supone que te vas, 
y aunque te vayas: 

Déjame en el portal y que sea igual de tarde,
y dame un beso tan fugaz, 
que se me escape. 
Para jugar a atraparlo bajo las sábanas. 

Y déjame dormir, feliz, ignorante, 
con el recuerdo de tus mejillas
que no me deja extrañarte. 

Prácticamente, como si fueras a volver mañana.

domingo, 17 de febrero de 2013

Pedacitos

''¿Cuánto tiempo nos queda?'' 
''Hasta que acabe el vinilo''
E inventamos el primer vinilo infinito. 

Los peores sobresaltos 
son los de los portazos cuando te vas. 
Las mejores alegrías
son tus postales en el buzón. 

Un pedacito de cada ciudad, 
un segundito de tu ajetreado día, 
un poco menos de tinta en un bolígrafo rojo, 
una sonrisa traviesa que llega sin avisar. 

Eso son tus postales. 

Y mis respuestas son versos desordenados, 
caóticos,
irregulares, 
desastrados, 
imperfectos. 
Pero versos, al fin y al cabo. 

Timemos al tiempo, 
desafiemos a la lógica, 
saquemos la lengua a las obligaciones, 
a distancia. 

Pues cada bloque de mi vida, es un pedacito que me regalas de la tuya.


conclusiones a deshora

Somos tantas personas en el mundo
como granos de arena. 
¿Cuál es la diferencia?
Intenta distinguir un grano de arena de otro, 
y lo averiguarás.  

lunes, 11 de febrero de 2013

Vacío

No quiero empeñarme en desterrar el término 'vacío' al campo de lo físico. Quizá sea porque considero el vacío más como un sentimiento que como una realidad.

El vacío de la botella de ginebra. 

El vacío del cajón donde guardabas tus vaqueros. 

El vacío de una casa deshabitada. 

Todo eso no importa, porque mañana mismo relleno la botella con agua del grifo, le busco unos dueños nuevos a la casa y meto mis propios vaqueros en el cajón. Y por lo pronto ya he hecho desaparecer el vacío físico. Así de fácil. 

Lo sentimental sigue otras normas. 

Con la ginebra terminé yo solita aquel aciago día que yo quería pasar discutiendo hasta llegar a la reconciliación, sin embargo, tú ya no tenías ganas de jugar al gato y al ratón y tus palabras fueron para mi como un maldito agujero negro: '¿Sabes qué? Mejor hablamos mañana, o quizá otro día... Sí, tienes razón, estoy cansado, descansaré en un hotel. Buenas noches' 
Me diste la razón y la razón me sonó a derrota. Y cada uno de los segundos que siguieron a ese momento se comportaron como vacunas inyectándome autocompasión y remordimiento. Yo sí que estaba realmente vacía.  
  
Claramente, a la botella de gin le siguió el cajón, porque dos días después volviste (asegurándote por supuesto de que yo no estaba en casa) y al llegar de tomarme un café me encontré con el primer cajón del armario vacío. Sorpresa seguida de una risotada amarga al recordar, cómo habíamos peleado al hacer la mudanza por ese cajón. Tú defendías que tus vaqueros tenían que estar allí, bien doblados para tenerlos a mano, y yo apostaba por que mi ropa interior estaba perfecta en ese sitio, para no tener que buscar mucho por las mañanas. Ganaste tú, mediante el engaño de los besos, por supuesto.
Ahora tengo todo el cajón para mi sola, y resulta que ya no lo quiero. Porque cuando lo abro... ¿Adivináis cómo me siento? Vacía, no hace falta ser muy listo. 

Y finalmente la casa. Aunque se trata de una buhardilla enana en un octavo piso, sin cristales aislantes y a merced del ruido del tráfico madrileño. A mi me gustaba. Y digo me gustaba porque ahora ya no me gusta llegar a casa y subir las escaleras siempre con miedo a volver a encontrarla en silencio. Abrir la puerta se está convirtiendo en todo un reto para mi, pues sé que tienes llaves y sin embargo ningún día las veo colgadas en el gancho de la pared al entrar. 
Estoy esperando a que vuelvas para volver a hacer crepes para desayunar, para hacer otra vez la cama con las sábanas del estampado de nubes, y para hacer palomitas los domingos por la tarde frente al televisor. Porque sin ti... Ésta casa está tan vacía como lo estoy yo.


sábado, 9 de febrero de 2013

Sin sentidos y demás

Hay días tan negros como una noche sin luna, 
y noches tan largas como un día de agosto. 

Y después está lo nuestro.

martes, 22 de enero de 2013

París.


Cada nota suena a una gota de lluvia en un paraguas compartido.
A conversaciones en francés y a tu voz en mi oído mientras me traduces. 
Suenan a carreras con botas de agua ''¡Corre, que nos mojamos!'' 
Y a la risa posterior. 
Recuerdan al tintineo de unas llaves en tu bolsillo. O en el mío. O en los dos. 
Cada nota es un muelle de la cama que chirría, una tetera que silba. 
El botón de 'rec' de la cámara de vídeo, y tus ''No me grabes'' que yo ignoro. 
Bajo un París, como tú dices, inminente. 

viernes, 4 de enero de 2013

Corte Inglés. Siete cuarenta de la tarde. No sabes de donde salen esas irrefrenables ganas de llorar, entre los árboles de navidad, entre las dependientas, entre los carteles de ofertas. Ajena a todo, menos a ti misma. Te habría cogido de la cintura mientras elegías regalos y te habría susurrado 'vamos fuera de aquí'. Te habría abrazado fuerte en cualquier callejón y llorado en tu pecho, aún sin saber por qué ese llanto. Soltarlo todo y quedarme vacía de razones fantasma, de sentimientos que se burlan de mi y se esconden sin dejarme ver a qué se debe todo. 

Habría necesitado tu calor en forma de abrazo como nunca he necesitado nada. 

Pero todo eso se ha quedado en la forma condicional del indicativo simple del verbo haber. Y eso se debe al miedo atroz que me tengo a mi misma, a ser yo misma, más bien. 

Aleatorio

Recorrer las calles pensando que el presente se esfuma, como el humo del cigarro en la boca de cualquier señorita. Alguien dijo alguna vez, o mejor dicho muchas veces aquello del 'carpe diem'. Eso que has estudiado en latín hace apenas dos semanas, y que como todas las lecciones de latín aún no has sabido aplicar. Comparo cada segundo a una burbuja de champán francés, que desaparece, que incluso te parece que explota. 

Tienes el tacto de su pelo aún entre tus dedos y la electricidad de sus labios aún enciende los tuyos. Pero por poco tiempo. 

No podemos vivir el presente sin preocuparnos por el futuro. Al menos yo no puedo. Y caminas mientras Sabina canta en tus auriculares y piensas que no es sano vivir en un continuo sábado. Porque será jodido el día que llegue el domingo. Y ni te cuento del lunes. Y lo peor es que el martes la cosa no habrá mejorado. 


miércoles, 2 de enero de 2013

Los días

Me gustan esos días.
Los días que compartimos,  
los que no acaban en esa estúpida pregunta 
'¿Qué estoy haciendo con mi vida?' 

Me gustan los días que puedo mirarte, 
que tú puedes mirarme.
Pero de frente, sin pantalla de por medio.

Me gustan los días en los que no tengo que levantarme, 
suspirar, y meter la cabeza bajo la almohada. 
Consciente de que nada ni nadie 
hará volar los sueños por la ventana. 

Benditos los días que siento que me buscas. 


domingo, 23 de diciembre de 2012

Así de simple

El presente sabe a té de vainilla, huele a incienso y suena como una canción de Ed Sheeran. Y me hace feliz.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Buon Natale

Conozco mucha gente a la que no le gusta la navidad, y respaldan esa afirmación argumentando el exceso de consumismo que encontramos en estas fechas, la desmesurada cantidad que gastan los ayuntamientos en electricidad con las luces, los odiosos villancicos que suelen provocar dolor de cabeza, el agobio de ir a más de una comida familiar a la semana... 

Pues qué queréis que os diga, puede que os sorprenda pero la verdad es que me gusta la navidad. Lo cierto es que no consigo averiguar por qué, pero me resultan agradables estas fechas. En primer lugar, supongo que tiene algo que ver que sea una persona muy afín al frío y a llevar capas y capas de ropa y abrigos y bufandas y gorros calentitos... Y la verdad es que también me agrada pasear por el centro de la ciudad (que no es Madrid, pero es aceptable... ) y ver mucha gente, muchas sonrisas, cafés humeantes a través de las ventanas de las cafeterías. 

Supongo que todo tiene su lado bueno y su lado malo, y obviamente no todas las personas ni todas las familias viven estas fechas de la misma manera, pero tal vez sea porque me acuerdo de mi infancia, que afortunadamente no fue dura en absoluto, y me hace feliz pensar que hay niños que la noche de reyes se acostarán nerviosos, o que en este momento puede haber una pareja de recién casados poniendo juntos el árbol y ¿Por qué no? Haciendo el amor sobre la alfombra, por ejemplo.

En cualquier caso, y aunque sea un gran tópico, lo que más me gusta de la navidad es que conforme creces te das cuenta de que el regalo que recibes con más ilusión de todos, puede ser incluso un gran abrazo de una persona que te importa. Y aunque tengamos todo el año para abrazarnos y ser buenos, complace saber que aún en la situación actual, son éstas las cosas que nadie nos puede arrebatar, que el dinero no es capaz de comprar, y con las que nunca se podrá hacer negocio. 

Feliz navidad y un abrazo de oso a todos :)

domingo, 9 de diciembre de 2012

el truco

Sabéis esas veces en las que el llanto
se acumula en el pecho y casi estalla,
esas veces en las que mamá hace la cena
mientras tú cierras la puerta.

Cuándo las lágrimas acompañan a la respiración
y dentro de ti no hay nada,
nada más que agua.

Entonces el truco es coger aire,
sí, de verdad, aire.
Coges mucho aire y te llenas,
piensas en un abrazo y lo sueltas.

Y así cuando mamá llama a cenar
cuando te aburres en clase de matemáticas
cuando relees las cartas
cuando hace frío... No lloras más.

La pena es que a veces,
como tantas otras cosas...
el truco no funciona.

Anette y sus elecciones

Un (mal) día, Anette fue consciente de lo que significa tomar decisiones. Parece tan obvio que tomar una decisión conlleva unas consecuencias, que todos creemos que el día que hayamos de elegir, sabremos a qué nos enfrentamos. Anette pensaba lo mismo hasta que se vio obligada a representar el papel de protagonista en esta típica situación, y hasta que no tuvo de frente los dos simbólicos senderos en los que desembocaba el camino recorrido no supo realmente lo que era sentir el agobio y la presión de una acción inevitable. Decidir, comprendió Anette, significó lágrimas brotando de sus ojos, presión en el pecho, y una sensación de desdicha difícil de describir. Anette y su falda negra se sentaron en una silla plegable, hablaron, lloraron y decidieron. Ella y su melena de fuego, ella y sus desdichas, ella y sus acciones, ella y sus consecuencias. 
Y si hay algo que Anette puede asegurar sin miedo a equivocarse es que nunca, jamás hasta a fecha había comprendido realmente lo que duele decidir cuando una está dividida. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Aún hoy

Aún hoy juzgan nuestras dudas,
el libro por su cubierta
y al poeta por su pluma.