Sabéis esas veces en las que el llanto
se acumula en el pecho y casi estalla,
esas veces en las que mamá hace la cena
mientras tú cierras la puerta.
Cuándo las lágrimas acompañan a la respiración
y dentro de ti no hay nada,
nada más que agua.
Entonces el truco es coger aire,
sí, de verdad, aire.
Coges mucho aire y te llenas,
piensas en un abrazo y lo sueltas.
Y así cuando mamá llama a cenar
cuando te aburres en clase de matemáticas
cuando relees las cartas
cuando hace frío... No lloras más.
La pena es que a veces,
como tantas otras cosas...
el truco no funciona.
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