Dejé de decir 'tú y 'yo', para decir nosotros.
miércoles, 22 de agosto de 2012
El hueco de la cama.
Oí hablar de las musas, de los genios, de los arrebatos de inspiración. De creadores y artistas que se encerraban entre sus cuatro paredes preferidas durante un indefinido periodo de tiempo, con comida de lata y un montón de ideas en la cabeza. Ideas dispuestas a esfumarse si no consigues atraparlas en el momento justo, da igual lo que estés haciendo, nada es más importante que esa idea efímera. Y es curioso porque últimamente, al igual que pasa con la inspiración he tenido ciertos momentos de lucidez en los que rápidas pero intensas ideas me acudían a la cabeza. Primero fueron tus maneras. Flashes desperdigados en mi memoria, el día que no podías parar de reír, el otro, aquel que te sorprendió tanto algo que abriste los ojos desmesuradamente como solo tú sabes hacer. Luego eran mis gestos los que, inconscientemente, buscaban los tuyos entrelazados. Como una sinfonía de movimientos que, desperdigados podían no significar nada, pero juntos contaban una historia. Finalmente, al igual que las ideas de los genios, eran tu imagen y tu voz las que acudían a mi mente, y yo no podía pararlas! No podía guardarlo para más tarde, y tenía que cerrar los ojos y verte, escucharte. Y después me sentía feliz, como si todo el torrente de sentimientos hubiera derivado en ese recuerdo, corrientes en masa de felicidad desbordada. Y entonces llegó una noche en la que me dí cuenta de la cantidad de espacio que me sobraba en la cama, y agradecí a mi torpe mente recordarme, qué era lo que quedaría tan bien en ese hueco.
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