-Perdona, ¿Está ocupada?
No logró más que balbucear un cortado ''Oh, no.. no'' Y dirigió la mirada de nuevo al interrogante libro de física que reposaba sobre la mesa, apenas habían sido unos pocos segundos de contacto visual, pero ya no vio fórmulas ni apuntes. Lo único que veía eran sus chispeantes y sinceros ojos pardos. Y ahora él va cada lunes a la biblioteca, a las once y media, y ella siempre está allí. Y ya no le ha vuelto a preguntar si la silla está ocupada, se sienta a su lado, o frente a él, y los dos tratan de adivinarse. Y ahora, ella es la chica de la biblioteca.
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