Dejé de decir 'tú y 'yo', para decir nosotros.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Frío en instantes.

Puedo llevar tres jerséis de lana y una bufanda y estar helada, en cambio puedo olvidar el abrigo en casa, pero estando a su lado no tengo frío. El invierno es algo relativo, pues yo no hablo del invierno como una estación climática, sino como una estación del alma. Cuando notas que al respirar te duele el pecho, o tienes tantas ganas de llorar que no puedes reprimir ni un segundo más las lágrimas, entonces tu alma está tiritando de frío. Pero si alguien te besa el cuello, te acaricia la espalda, o te susurra al oído un par de palabras... Es cierto, el vello se eriza, te entran escalofríos y quizá es enero, pero tú no tienes frío... Porque la felicidad, es la ausencia del frío del alma. Por eso siempre que por más que suba la calefacción sigo temblando, busco cualquier excusa para salir de casa, salir corriendo y buscarle en cualquier esquina de la ciudad. Y entonces me abraza, y de golpe, pof, la calidez de amar.

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