Dejé de decir 'tú y 'yo', para decir nosotros.

lunes, 11 de febrero de 2013

Vacío

No quiero empeñarme en desterrar el término 'vacío' al campo de lo físico. Quizá sea porque considero el vacío más como un sentimiento que como una realidad.

El vacío de la botella de ginebra. 

El vacío del cajón donde guardabas tus vaqueros. 

El vacío de una casa deshabitada. 

Todo eso no importa, porque mañana mismo relleno la botella con agua del grifo, le busco unos dueños nuevos a la casa y meto mis propios vaqueros en el cajón. Y por lo pronto ya he hecho desaparecer el vacío físico. Así de fácil. 

Lo sentimental sigue otras normas. 

Con la ginebra terminé yo solita aquel aciago día que yo quería pasar discutiendo hasta llegar a la reconciliación, sin embargo, tú ya no tenías ganas de jugar al gato y al ratón y tus palabras fueron para mi como un maldito agujero negro: '¿Sabes qué? Mejor hablamos mañana, o quizá otro día... Sí, tienes razón, estoy cansado, descansaré en un hotel. Buenas noches' 
Me diste la razón y la razón me sonó a derrota. Y cada uno de los segundos que siguieron a ese momento se comportaron como vacunas inyectándome autocompasión y remordimiento. Yo sí que estaba realmente vacía.  
  
Claramente, a la botella de gin le siguió el cajón, porque dos días después volviste (asegurándote por supuesto de que yo no estaba en casa) y al llegar de tomarme un café me encontré con el primer cajón del armario vacío. Sorpresa seguida de una risotada amarga al recordar, cómo habíamos peleado al hacer la mudanza por ese cajón. Tú defendías que tus vaqueros tenían que estar allí, bien doblados para tenerlos a mano, y yo apostaba por que mi ropa interior estaba perfecta en ese sitio, para no tener que buscar mucho por las mañanas. Ganaste tú, mediante el engaño de los besos, por supuesto.
Ahora tengo todo el cajón para mi sola, y resulta que ya no lo quiero. Porque cuando lo abro... ¿Adivináis cómo me siento? Vacía, no hace falta ser muy listo. 

Y finalmente la casa. Aunque se trata de una buhardilla enana en un octavo piso, sin cristales aislantes y a merced del ruido del tráfico madrileño. A mi me gustaba. Y digo me gustaba porque ahora ya no me gusta llegar a casa y subir las escaleras siempre con miedo a volver a encontrarla en silencio. Abrir la puerta se está convirtiendo en todo un reto para mi, pues sé que tienes llaves y sin embargo ningún día las veo colgadas en el gancho de la pared al entrar. 
Estoy esperando a que vuelvas para volver a hacer crepes para desayunar, para hacer otra vez la cama con las sábanas del estampado de nubes, y para hacer palomitas los domingos por la tarde frente al televisor. Porque sin ti... Ésta casa está tan vacía como lo estoy yo.


sábado, 9 de febrero de 2013

Sin sentidos y demás

Hay días tan negros como una noche sin luna, 
y noches tan largas como un día de agosto. 

Y después está lo nuestro.

martes, 22 de enero de 2013

París.


Cada nota suena a una gota de lluvia en un paraguas compartido.
A conversaciones en francés y a tu voz en mi oído mientras me traduces. 
Suenan a carreras con botas de agua ''¡Corre, que nos mojamos!'' 
Y a la risa posterior. 
Recuerdan al tintineo de unas llaves en tu bolsillo. O en el mío. O en los dos. 
Cada nota es un muelle de la cama que chirría, una tetera que silba. 
El botón de 'rec' de la cámara de vídeo, y tus ''No me grabes'' que yo ignoro. 
Bajo un París, como tú dices, inminente. 

viernes, 4 de enero de 2013

Corte Inglés. Siete cuarenta de la tarde. No sabes de donde salen esas irrefrenables ganas de llorar, entre los árboles de navidad, entre las dependientas, entre los carteles de ofertas. Ajena a todo, menos a ti misma. Te habría cogido de la cintura mientras elegías regalos y te habría susurrado 'vamos fuera de aquí'. Te habría abrazado fuerte en cualquier callejón y llorado en tu pecho, aún sin saber por qué ese llanto. Soltarlo todo y quedarme vacía de razones fantasma, de sentimientos que se burlan de mi y se esconden sin dejarme ver a qué se debe todo. 

Habría necesitado tu calor en forma de abrazo como nunca he necesitado nada. 

Pero todo eso se ha quedado en la forma condicional del indicativo simple del verbo haber. Y eso se debe al miedo atroz que me tengo a mi misma, a ser yo misma, más bien. 

Aleatorio

Recorrer las calles pensando que el presente se esfuma, como el humo del cigarro en la boca de cualquier señorita. Alguien dijo alguna vez, o mejor dicho muchas veces aquello del 'carpe diem'. Eso que has estudiado en latín hace apenas dos semanas, y que como todas las lecciones de latín aún no has sabido aplicar. Comparo cada segundo a una burbuja de champán francés, que desaparece, que incluso te parece que explota. 

Tienes el tacto de su pelo aún entre tus dedos y la electricidad de sus labios aún enciende los tuyos. Pero por poco tiempo. 

No podemos vivir el presente sin preocuparnos por el futuro. Al menos yo no puedo. Y caminas mientras Sabina canta en tus auriculares y piensas que no es sano vivir en un continuo sábado. Porque será jodido el día que llegue el domingo. Y ni te cuento del lunes. Y lo peor es que el martes la cosa no habrá mejorado. 


miércoles, 2 de enero de 2013

Los días

Me gustan esos días.
Los días que compartimos,  
los que no acaban en esa estúpida pregunta 
'¿Qué estoy haciendo con mi vida?' 

Me gustan los días que puedo mirarte, 
que tú puedes mirarme.
Pero de frente, sin pantalla de por medio.

Me gustan los días en los que no tengo que levantarme, 
suspirar, y meter la cabeza bajo la almohada. 
Consciente de que nada ni nadie 
hará volar los sueños por la ventana. 

Benditos los días que siento que me buscas. 


domingo, 23 de diciembre de 2012

Así de simple

El presente sabe a té de vainilla, huele a incienso y suena como una canción de Ed Sheeran. Y me hace feliz.