Dejé de decir 'tú y 'yo', para decir nosotros.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Buon Natale

Conozco mucha gente a la que no le gusta la navidad, y respaldan esa afirmación argumentando el exceso de consumismo que encontramos en estas fechas, la desmesurada cantidad que gastan los ayuntamientos en electricidad con las luces, los odiosos villancicos que suelen provocar dolor de cabeza, el agobio de ir a más de una comida familiar a la semana... 

Pues qué queréis que os diga, puede que os sorprenda pero la verdad es que me gusta la navidad. Lo cierto es que no consigo averiguar por qué, pero me resultan agradables estas fechas. En primer lugar, supongo que tiene algo que ver que sea una persona muy afín al frío y a llevar capas y capas de ropa y abrigos y bufandas y gorros calentitos... Y la verdad es que también me agrada pasear por el centro de la ciudad (que no es Madrid, pero es aceptable... ) y ver mucha gente, muchas sonrisas, cafés humeantes a través de las ventanas de las cafeterías. 

Supongo que todo tiene su lado bueno y su lado malo, y obviamente no todas las personas ni todas las familias viven estas fechas de la misma manera, pero tal vez sea porque me acuerdo de mi infancia, que afortunadamente no fue dura en absoluto, y me hace feliz pensar que hay niños que la noche de reyes se acostarán nerviosos, o que en este momento puede haber una pareja de recién casados poniendo juntos el árbol y ¿Por qué no? Haciendo el amor sobre la alfombra, por ejemplo.

En cualquier caso, y aunque sea un gran tópico, lo que más me gusta de la navidad es que conforme creces te das cuenta de que el regalo que recibes con más ilusión de todos, puede ser incluso un gran abrazo de una persona que te importa. Y aunque tengamos todo el año para abrazarnos y ser buenos, complace saber que aún en la situación actual, son éstas las cosas que nadie nos puede arrebatar, que el dinero no es capaz de comprar, y con las que nunca se podrá hacer negocio. 

Feliz navidad y un abrazo de oso a todos :)

domingo, 9 de diciembre de 2012

el truco

Sabéis esas veces en las que el llanto
se acumula en el pecho y casi estalla,
esas veces en las que mamá hace la cena
mientras tú cierras la puerta.

Cuándo las lágrimas acompañan a la respiración
y dentro de ti no hay nada,
nada más que agua.

Entonces el truco es coger aire,
sí, de verdad, aire.
Coges mucho aire y te llenas,
piensas en un abrazo y lo sueltas.

Y así cuando mamá llama a cenar
cuando te aburres en clase de matemáticas
cuando relees las cartas
cuando hace frío... No lloras más.

La pena es que a veces,
como tantas otras cosas...
el truco no funciona.

Anette y sus elecciones

Un (mal) día, Anette fue consciente de lo que significa tomar decisiones. Parece tan obvio que tomar una decisión conlleva unas consecuencias, que todos creemos que el día que hayamos de elegir, sabremos a qué nos enfrentamos. Anette pensaba lo mismo hasta que se vio obligada a representar el papel de protagonista en esta típica situación, y hasta que no tuvo de frente los dos simbólicos senderos en los que desembocaba el camino recorrido no supo realmente lo que era sentir el agobio y la presión de una acción inevitable. Decidir, comprendió Anette, significó lágrimas brotando de sus ojos, presión en el pecho, y una sensación de desdicha difícil de describir. Anette y su falda negra se sentaron en una silla plegable, hablaron, lloraron y decidieron. Ella y su melena de fuego, ella y sus desdichas, ella y sus acciones, ella y sus consecuencias. 
Y si hay algo que Anette puede asegurar sin miedo a equivocarse es que nunca, jamás hasta a fecha había comprendido realmente lo que duele decidir cuando una está dividida. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Aún hoy

Aún hoy juzgan nuestras dudas,
el libro por su cubierta
y al poeta por su pluma.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Mi calle está llena de esquinas, y es gracioso que nunca antes me haya percatado, pero está llena de esquinas en las que comernos a besos y besarnos con hambre. Hoy mi armario se ha llenado por primera vez en quince años de monstruos, y junto a ellos he sacado las cerillas del cajón de las medias, y he quemado la ropa que aún olía a ti. 
Quiero pensar que mientras yo te (d)escribo, tú y tu cama soñáis con acariciarme la cara interior de los muslos, y notar como el vello se eriza exactamente igual, que cuando me dices que me quieres. 

Voy a ponerme la falda y las medias negras, y puede que tal vez también las botas altas. Y después entraré en tu cuarto, me colaré en tu armario, y esconderé una caja de cerillas en tu cajón de la ropa interior. Para cuando me eches de menos, amor.

Cobarde(s)

No he tenido valor,
para callar mis pesadillas
para pedirte que las calles.

No he tenido valor,
y no he soñado con tu risa.
La he alejado a kilómetros,
la he desterrado de mis tímpanos.

No he tenido valor
para pedirle a tu pecho
que me haga las veces de almohada.
Para que tus latidos,
formen la banda sonora de mis noches.

No he tenido valor,
aunque lágrimas me sobren.

No he tenido valor
para pedirte que te quedes
y de todos mis errores,
ese ha sido el culminante.

No he tenido valor,
para quedarme en tu cama
tras el último intento.

No he tenido valor,
pero tú
no lo has tenido tampoco.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Esta mañana al levantarme, le pregunté por ti al café con leche y éste me contestó que solo respondería en presencia del azúcar, que sino me pongo histérica cuando me dice que no has dormido a mi lado. El cajón de mi ropa interior reiteró la negativa, que no, que hoy no le hemos visto por aquí contemplándote en cueros salir de la cama. Y mi pelo despeinado ha salido esta mañana de casa intentando aliarse con el viento por si me devuelve tu olor en alguna esquina, en alguna fría calle de camino a la monotonía. Y al llegar a casa a la hora de comer, la verdad es que te esperaba gracioso con el delantal puesto y los platos en la mesa y sin embargo lo único que he encontrado ha sido una servilleta manchada de chocolate que decía ''Anette, cariño, tienes pasta en el congelador, come bien y no llegues tarde a clase. Besos, mamá'' escrita con prisas. Lo siento mucho mamá, me hubiera gustado responder, pero la verdad es que si hablamos de besos los que yo quiero son los suyos. 

Y el atardecer ha escuchado mis plegarias y me ha devuelto tu voz... a través de ese teléfono que siempre parece mudo si el que habla no eres tú. Me ha devuelto tu amor en forma de ''¿no me echas de menos?'', y la verdad es que aunque no lo comprendas, no me sale la voz de lo mucho que te extraño, y por eso he de escribirlo. 

Esta noche, antes de acostarme, le he preguntado por ti al solitario cepillo de dientes que reina en el vaso del cuarto de baño. Y al instante ha parecido como que se marchitaba, lo he notado como más viejo, como si hiciera falta comprar otro, como si fuera el reflejo exacto de mi estado de ánimo. Y él ha contestado algo así como ''yo también quiero que su cepillo de dientes comparta vaso conmigo...''.

Fíjate, la almohada ha sido la única que me ha dicho ''Yo, que seco tus lagrimas, sé tan bien como tú que él está presente todas y cada una de tus noches.''