Aún hoy juzgan nuestras dudas,
el libro por su cubierta
y al poeta por su pluma.
Dejé de decir 'tú y 'yo', para decir nosotros.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
miércoles, 17 de octubre de 2012
Mi calle está llena de esquinas, y es gracioso que nunca antes me haya percatado, pero está llena de esquinas en las que comernos a besos y besarnos con hambre. Hoy mi armario se ha llenado por primera vez en quince años de monstruos, y junto a ellos he sacado las cerillas del cajón de las medias, y he quemado la ropa que aún olía a ti.
Quiero pensar que mientras yo te (d)escribo, tú y tu cama soñáis con acariciarme la cara interior de los muslos, y notar como el vello se eriza exactamente igual, que cuando me dices que me quieres.
Voy a ponerme la falda y las medias negras, y puede que tal vez también las botas altas. Y después entraré en tu cuarto, me colaré en tu armario, y esconderé una caja de cerillas en tu cajón de la ropa interior. Para cuando me eches de menos, amor.
Quiero pensar que mientras yo te (d)escribo, tú y tu cama soñáis con acariciarme la cara interior de los muslos, y notar como el vello se eriza exactamente igual, que cuando me dices que me quieres.
Voy a ponerme la falda y las medias negras, y puede que tal vez también las botas altas. Y después entraré en tu cuarto, me colaré en tu armario, y esconderé una caja de cerillas en tu cajón de la ropa interior. Para cuando me eches de menos, amor.
Cobarde(s)
No he tenido valor,
para callar mis pesadillas
para pedirte que las calles.
No he tenido valor,
y no he soñado con tu risa.
La he alejado a kilómetros,
la he desterrado de mis tímpanos.
No he tenido valor
para pedirle a tu pecho
que me haga las veces de almohada.
Para que tus latidos,
formen la banda sonora de mis noches.
No he tenido valor,
aunque lágrimas me sobren.
No he tenido valor
para pedirte que te quedes
y de todos mis errores,
ese ha sido el culminante.
No he tenido valor,
para quedarme en tu cama
tras el último intento.
No he tenido valor,
pero tú
no lo has tenido tampoco.
para callar mis pesadillas
para pedirte que las calles.
No he tenido valor,
y no he soñado con tu risa.
La he alejado a kilómetros,
la he desterrado de mis tímpanos.
No he tenido valor
para pedirle a tu pecho
que me haga las veces de almohada.
Para que tus latidos,
formen la banda sonora de mis noches.
No he tenido valor,
aunque lágrimas me sobren.
No he tenido valor
para pedirte que te quedes
y de todos mis errores,
ese ha sido el culminante.
No he tenido valor,
para quedarme en tu cama
tras el último intento.
No he tenido valor,
pero tú
no lo has tenido tampoco.
miércoles, 3 de octubre de 2012
Esta mañana al levantarme, le pregunté por ti al café con leche y éste me contestó que solo respondería en presencia del azúcar, que sino me pongo histérica cuando me dice que no has dormido a mi lado. El cajón de mi ropa interior reiteró la negativa, que no, que hoy no le hemos visto por aquí contemplándote en cueros salir de la cama. Y mi pelo despeinado ha salido esta mañana de casa intentando aliarse con el viento por si me devuelve tu olor en alguna esquina, en alguna fría calle de camino a la monotonía. Y al llegar a casa a la hora de comer, la verdad es que te esperaba gracioso con el delantal puesto y los platos en la mesa y sin embargo lo único que he encontrado ha sido una servilleta manchada de chocolate que decía ''Anette, cariño, tienes pasta en el congelador, come bien y no llegues tarde a clase. Besos, mamá'' escrita con prisas. Lo siento mucho mamá, me hubiera gustado responder, pero la verdad es que si hablamos de besos los que yo quiero son los suyos.
Y el atardecer ha escuchado mis plegarias y me ha devuelto tu voz... a través de ese teléfono que siempre parece mudo si el que habla no eres tú. Me ha devuelto tu amor en forma de ''¿no me echas de menos?'', y la verdad es que aunque no lo comprendas, no me sale la voz de lo mucho que te extraño, y por eso he de escribirlo.
Esta noche, antes de acostarme, le he preguntado por ti al solitario cepillo de dientes que reina en el vaso del cuarto de baño. Y al instante ha parecido como que se marchitaba, lo he notado como más viejo, como si hiciera falta comprar otro, como si fuera el reflejo exacto de mi estado de ánimo. Y él ha contestado algo así como ''yo también quiero que su cepillo de dientes comparta vaso conmigo...''.
Fíjate, la almohada ha sido la única que me ha dicho ''Yo, que seco tus lagrimas, sé tan bien como tú que él está presente todas y cada una de tus noches.''
Y el atardecer ha escuchado mis plegarias y me ha devuelto tu voz... a través de ese teléfono que siempre parece mudo si el que habla no eres tú. Me ha devuelto tu amor en forma de ''¿no me echas de menos?'', y la verdad es que aunque no lo comprendas, no me sale la voz de lo mucho que te extraño, y por eso he de escribirlo.
Esta noche, antes de acostarme, le he preguntado por ti al solitario cepillo de dientes que reina en el vaso del cuarto de baño. Y al instante ha parecido como que se marchitaba, lo he notado como más viejo, como si hiciera falta comprar otro, como si fuera el reflejo exacto de mi estado de ánimo. Y él ha contestado algo así como ''yo también quiero que su cepillo de dientes comparta vaso conmigo...''.
Fíjate, la almohada ha sido la única que me ha dicho ''Yo, que seco tus lagrimas, sé tan bien como tú que él está presente todas y cada una de tus noches.''
miércoles, 19 de septiembre de 2012
lunes, 17 de septiembre de 2012
La noche es una cascada
Mil noches sin saber que te esperaba y cuando por fin te encuentro no te siento aquí, habré de preguntarle a la luna el motivo por el que sin ti las noches son más que oscuras, incuso diría que más que negras. Explícamelo tú, porque yo no entiendo el porqué de cerrar los ojos y que tu recuerdo me caliente tanto el alma que cuando los abra me deje helada. Y es que las noches en esta habitación no son precisamente acogedoras si solo me acogen a mi, la cama no es en absoluto la nube que imagino y Morfeo llega tarde y mal porque no me acogen otros brazos que no sean los de tu ausencia. Fíjate si mis noches te necesitan, que incluso te escriben versos (que nunca han sido ni serán lo mio), porque en definitiva, son cascadas de una inspiración que se resume en el deseo de ti.
martes, 11 de septiembre de 2012
Amélie
La verdad es que él no sabe ni su nombre, ella es la chica del ático, del sexto piso. Una más dentro de una simple comunidad de vecinos de una finca madrileña de techos altos. Y él, que llegó allí con toda su vida pasada a cuestas, ha tenido la suerte o la desgracia de que la ventana de su habitación de al patio de luces, como la de ella. Le gusta imaginarla, por la noche, cuando se encuentra solo en su cama. La imagina recordando las pocas veces que se la ha cruzado en el portal, con la voluminosa melena castaña y esos vaqueros apretaditos. Huele su perfume dulce y embriagador, y le parece escuchar de nuevo el sonido de sus zapatos resonando en el mármol de las escaleras. La verdad es que aunque no sepa ni su nombre, sí sabe que le gusta sentarse en el alféizar de la ventana en pijama, bebiendo una taza de quién sabe qué y acariciando al gato negro que le hace compañía. Y todo esto lo sabe porque a él también le gusta mirar la luna desde allí, y algunas noches (cuando el insomnio se vuelve amargo) se fuma un Lucky y alza la mirada, y se topa con la ventana del ático y con la chica del sexto en pijama y calcetines. Últimamente ha estado pensando en que ya que no se atreve a preguntarle como se llama, podría ponerle él mismo un nombre... algo que le pegue. Y después de mucho pensar decide que (hasta que tenga el valor de conocerla) la va a llamar en sueños Amélie. Por eso de que a veces cuando él se siente triste, abre la ventana y no hay día que no escuche a Pereza cantando desde el sexto: ''Pequeña sonrisa de Amélie... me tienes ganado...''
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