Dejé de decir 'tú y 'yo', para decir nosotros.

miércoles, 20 de marzo de 2013

En tu cama todo el año son vacaciones.

Déjame recorrer tus caminos
y arrastrarme por tu anatomía.
Pensarte con los ojos,
mientras te quiero con las manos.

Oírte decir ''agárrate que vienen curvas''
y dudar de si tus caderas son la curva o el agarre.

Déjame embarcar en tu puerto,
navegar juntos en el mismo barco,
tal como igual de juntos naufragamos...

Y cuando la travesía acabe,
mirarte a los labios
y besarte con los ojos.
Para emprender el viaje juntos de nuevo.


sábado, 2 de marzo de 2013

No me gustan las despedidas
salvo si soy yo la que se va lejos, 
en ese caso el aeropuerto se torna cómodo.
Casi acogedor, 
me atrevería a decir. 

Comprendo que me tachéis de egoísta. 
Lo cierto es que no hay palabra más acertada,
ni excusa que la rebata. 

¿Sabes esas veces, que necesitas huir? 
¿Huir de qué? 
En ocasiones la respuesta es fácil, de una misma. 

Y en cambio grito por dentro si eres tú el que ha
de hacer las maletas, 
quedando yo abandonada a algo peor que la rutina. 
La rutina sin ti.

Así que no me hagas sufrir con largas
despedidas, 
no me agobies por anticipado con mil
besos, 
ni me jures que me llamarás cada 
mañana. 

Porque eso supone que te vas, 
y aunque te vayas: 

Déjame en el portal y que sea igual de tarde,
y dame un beso tan fugaz, 
que se me escape. 
Para jugar a atraparlo bajo las sábanas. 

Y déjame dormir, feliz, ignorante, 
con el recuerdo de tus mejillas
que no me deja extrañarte. 

Prácticamente, como si fueras a volver mañana.

domingo, 17 de febrero de 2013

Pedacitos

''¿Cuánto tiempo nos queda?'' 
''Hasta que acabe el vinilo''
E inventamos el primer vinilo infinito. 

Los peores sobresaltos 
son los de los portazos cuando te vas. 
Las mejores alegrías
son tus postales en el buzón. 

Un pedacito de cada ciudad, 
un segundito de tu ajetreado día, 
un poco menos de tinta en un bolígrafo rojo, 
una sonrisa traviesa que llega sin avisar. 

Eso son tus postales. 

Y mis respuestas son versos desordenados, 
caóticos,
irregulares, 
desastrados, 
imperfectos. 
Pero versos, al fin y al cabo. 

Timemos al tiempo, 
desafiemos a la lógica, 
saquemos la lengua a las obligaciones, 
a distancia. 

Pues cada bloque de mi vida, es un pedacito que me regalas de la tuya.


conclusiones a deshora

Somos tantas personas en el mundo
como granos de arena. 
¿Cuál es la diferencia?
Intenta distinguir un grano de arena de otro, 
y lo averiguarás.  

lunes, 11 de febrero de 2013

Vacío

No quiero empeñarme en desterrar el término 'vacío' al campo de lo físico. Quizá sea porque considero el vacío más como un sentimiento que como una realidad.

El vacío de la botella de ginebra. 

El vacío del cajón donde guardabas tus vaqueros. 

El vacío de una casa deshabitada. 

Todo eso no importa, porque mañana mismo relleno la botella con agua del grifo, le busco unos dueños nuevos a la casa y meto mis propios vaqueros en el cajón. Y por lo pronto ya he hecho desaparecer el vacío físico. Así de fácil. 

Lo sentimental sigue otras normas. 

Con la ginebra terminé yo solita aquel aciago día que yo quería pasar discutiendo hasta llegar a la reconciliación, sin embargo, tú ya no tenías ganas de jugar al gato y al ratón y tus palabras fueron para mi como un maldito agujero negro: '¿Sabes qué? Mejor hablamos mañana, o quizá otro día... Sí, tienes razón, estoy cansado, descansaré en un hotel. Buenas noches' 
Me diste la razón y la razón me sonó a derrota. Y cada uno de los segundos que siguieron a ese momento se comportaron como vacunas inyectándome autocompasión y remordimiento. Yo sí que estaba realmente vacía.  
  
Claramente, a la botella de gin le siguió el cajón, porque dos días después volviste (asegurándote por supuesto de que yo no estaba en casa) y al llegar de tomarme un café me encontré con el primer cajón del armario vacío. Sorpresa seguida de una risotada amarga al recordar, cómo habíamos peleado al hacer la mudanza por ese cajón. Tú defendías que tus vaqueros tenían que estar allí, bien doblados para tenerlos a mano, y yo apostaba por que mi ropa interior estaba perfecta en ese sitio, para no tener que buscar mucho por las mañanas. Ganaste tú, mediante el engaño de los besos, por supuesto.
Ahora tengo todo el cajón para mi sola, y resulta que ya no lo quiero. Porque cuando lo abro... ¿Adivináis cómo me siento? Vacía, no hace falta ser muy listo. 

Y finalmente la casa. Aunque se trata de una buhardilla enana en un octavo piso, sin cristales aislantes y a merced del ruido del tráfico madrileño. A mi me gustaba. Y digo me gustaba porque ahora ya no me gusta llegar a casa y subir las escaleras siempre con miedo a volver a encontrarla en silencio. Abrir la puerta se está convirtiendo en todo un reto para mi, pues sé que tienes llaves y sin embargo ningún día las veo colgadas en el gancho de la pared al entrar. 
Estoy esperando a que vuelvas para volver a hacer crepes para desayunar, para hacer otra vez la cama con las sábanas del estampado de nubes, y para hacer palomitas los domingos por la tarde frente al televisor. Porque sin ti... Ésta casa está tan vacía como lo estoy yo.


sábado, 9 de febrero de 2013

Sin sentidos y demás

Hay días tan negros como una noche sin luna, 
y noches tan largas como un día de agosto. 

Y después está lo nuestro.